Hermanos, hermanas...Cada vez que oigo en un programa de pseudodebate a un tertuliano decir “la culpa no es de los gitanos… es nuestra, que no los integramos”, me pongo malo de verdad por-mi-mare-de-mi-arma. El tertuliano vive en su piso de la Castellana y no ha visto uno de estos ejemplares si no es en Callejeros. A mí este mindundi me llamaría racista (pero no lo soy porque mi conocimiento de la genética me llega para no creer en ese término). Lo que soy es un pedazo de xenófobo como un camión con estos animales, lo reconozco (razón: no soporto sus putas costumbres infrahumanas y su desprecio y racismo hacia las demás etnias). Que sí, que no todos son así, que hay un 0,2% que no, que lo que tú digas… pero al igual que todos los que nos hemos criado con esta basura a un radio de 100 metros de la casa, generalizo tranquilamente, y coincido en denominarlos como unos ladrones y unos hijos de perra. Sois libres, hermanos, de abandonar la sala ahora. Porque hoy el reverendo se va a despachar bien con estos chorizos.
En la foto, alegres y vivarachos ante la buena vida que les garantiza el estado a costa tuya… igualito que yo cuando tenga 64 años y la hipoteca pagada.
Hay determinados ámbitos que nos ayudan a ilustrar esta bitácora, como por ejemplo, las urgencias hospitalarias. Las pocas veces que he ido he visto una serie de variables repetidas: una pobre anciana moribunda, un tío cabreado protestando en voz alta sin dirigirse a la cara de nadie… y la familia de gitanos subvencionados. Estos últimos irrumpen de golpe, todos juntos porque solos son incapaces hasta de limpiarse el culo. La que va en silla de ruedas y gritando por un dolor mortal, rodeada de gordas en babuchas, tú crees que es la enferma (¿infarto, obstrucción por colesterol, viruela porcina?) pero resulta que no, que en realidad sólo es un familiar que está montando el pollo por costumbre. El supuesto enfermo romaní llega con el pijama abierto enseñando los oros y exigiendo ser evaluado y curado en el acto por el equipo médico que cobra del dinero que hacienda nos roba de la nómina todos los meses a ti y a mí, y que ellos no pagan porque no les sale del carajo ni a ellos ni a su Santidad, el gobierno. “¡Válgame la paya, que no me quiere atendé; eso es por que soy un gitanito, ay!” rebuzna este restaoxígeno mientras pretende que la médica suelte a la anciana para verlo a él y a la cosa esa que le dio a luz, que de paso se ha puesto que se va a morir de las ansiedades y convulsiones que interpreta. Al final entra por la puerta de urgencias antes que tú y tu gastroenteritis aguda, por pesaos, violentos, y sin pagar un impuesto. Magistral, máxime cuando el clan muestra más cara que espalda al montar en la sala de espera una merendola y echarse unos bailes (joder, lo que hubiese disfrutado Dalí en un sitio así).
Otro asunto que me toca las gónadas sobremanera es el relativo a la vivienda: una de estas bandas instala sus chabolas a las afueras porque han sido desterrados de su barrio gitano por el patriarca de turno; por haber matado con arma de fuego a otro animal bellotero. A la semana veo en la TV una reportera intrépida que se ha apuntado a denunciar las condiciones infrahumanas en que viven, todo en plano subjetivo cámara al hombro, actitud condescendiente y compadrera con la familia de asesinos traficantes. Plano de los niños con churrete en la cara, baile de una vieja ballena con siete sueldos tuyos en oro colgándole del pescuezo, (pobres pero viviendo la vida, qué simpáticos estos desheredados, y qué romántico). Al mes siguiente veo al mismo clan de tapires en la TV, en el interior de una casa nueva. Recién regalada por nosotros (a tí te van a perdonar dos meses de hipoteca mañana mismo). “¡Ay, que tenemo agua, mira Jenifel!” vocifera el calé agradecido mientras piensa el lavado que le va a meter su mujer al Merce
des que tiene aparcado en el salón de la chabola… “Es que aquí habemos gente con honra”. Sí, la honra que quedará demostrada cuando 4 meses después hayan quemado unos muebles, vendido otros, y abandonado todo por no limpiarlo -que eso es trabajo y mire usted – sin antes haber dado por el culo a todo el vecindario con extorsiones, amenazas y solicitudes de protección a cambio de no quemarte el piso.
Estos hijos de puta te van de pobres cuando en realidad son unos potentados de la ostia. Llaman payos a todo aquel que no sea gitano. Payo significa payaso, pringao, tipo que está ahí para sacarle el parné, para que trabaje para ti. Los ritos “culturales” consisten en metodologías de gran dignidad como: Meter una navaja cubierta por un trapo por la vagina de la novia para comprobar que el himen sigue como se lo puso ahí Endivé (su dios), no vaya a ser que se lo haya perforado un payo asqueroso de esos que les paga la sanidad “de gratis”, en cuyo caso se procede a la discriminación total de la hembra (que eso se les da de lujo), sin antes pagar una media de 600 euros a la vieja que penetró a la novia. O dado un resultado positivo, se procederá a despilfarrar durante días una ingente cantidad de comida y alcohol que vale tantos miles de euros como los impuestos que debían haber aportado al estado, mientras danzan y lucen trajes sacados de la imaginación de cualquier sastre hortera influido por la Guerra de las Galaxias. Además estos canuteros se han apropiado por la cara de la denominación de origen del Flamenco, haciendo de vientre pues, sobre toda la clase campesina y minera que lo creó (en definitiva, trabajadores) de Andalucía desde el siglo XVI, y toda la influencia cultural recibida de judíos, africanos, americanos y árabes. Porque esa es otra, que todos se creen con arte y con derecho a ser pagados por mostrarlo; que ni es arte ni nada, sino que ellos se lo creen (animalitos…) En todo caso fomentarán el flamenquito, que es para el flamenco lo que los picoletos son para el escuadrón de élite de los G.I.Joe.
El otro ámbito donde encontrarlos son los juzgados. Los veréis beneficiándose de las ventajas que les aporta el sistema judicial. Uno de ellos violó, quemó, atropelló y mató a una niña discapacitada (caso de todos conocido) y ahí está mantenido una vez más por ti y por mí en un piso de la Junta y con guardaespaldas que le trasladan de sitio cada vez que roba en una casa. Vamos que le dieron una medalla, encima. Pero probad robar vosotros en un kiosko, hermanos, que la que os va a caer es directamente proporcional a lo honestos que seáis con la sociedad. Vamos, que os cae la del tigre, la del pulpo, y la de Dios es Cristo.
Condeno a estos cabrones al Hades, que se quemen durante un tercio de la eternidad por parásitos y otro tercio por chuloputas. El siguiente tercio que reparen su mal y nos paguen a todos lo que nos deben. El consejo, hermanos, es el siguiente: no sed gitanos. Es fácil. Tampoco dejad que nadie os llame payo; vosotros sois personas, con dignidad, no prostituimos a nuestras hijas cuando nos salen con retraso mental, ni robamos a los demás a cambio de una rama de romero que se birla de un parque público, ni tenemos esa cara de infraestimulados.
Todos no somos iguales.
El que quiera volver a la sala, puede volver. Ya me he despachado a gusto.
Podéis ir en paz.







