
Hermanos, hermanas...
El otro día hice un pedido al Telepizza. Al comerme la primera porción caí en la cuenta de que no me entusiasman las pizzas de este sitio. Prefiero mil veces las que yo mismo me hago en casa. Empiezo a analizar el suceso. Recuerdo que estuve en el cine. En una escena un tipo recibía un pedido del Telepizza con todo el logotipo estampado en la caja. Mientras pego el segundo bocado me cago en mi estampa por ser tan gilipollas de, sin gustarme el producto, haber caído en esta trampa tan vieja pero aún eficaz de lo subliminal, conociendo como conozco el mecanismo del engaño publicitario y la intención que tiene de exprimirme. Si esto me pasa a mí sin enterarme, que soy menos consumidor que el abuelo de Heidi, qué no conseguirá un anuncio puntero o un videoclip con una niña pija y mimada, o un cani ostentoso.

No te engañes amigo piltrafilla, el bote de gomina que te enseña Cristiano Ronaldo vestido de Armani es la solución a todo. El amigo consumidor tiene tres churumbeles a los que pasa una paga de manutención desde que su mujer (una gorda que consiguió la separación alegando maltrato psicológico en falso) le botó de la casa que aún paga. Intenta rehacer su vida con una niña joven y bajuna que se lía con otro cuando puede. Lleva en paro tres años y se le acabó la ayuda de los 400. No consigue trabajo porque para muchas cosas necesita la ESO, y no la tiene. La barriga cervecera no le deja ver su pajarito cuando mea (en su lugar ve el logotipo de la camiseta del Real Madrid y una mancha de chorizo). Porca miseria. Qué vida más patética… Pero es sólo momentáneo: al ver el tarro que anuncia Ronaldo, sabe que si lo compra y lo usa, todas las cualidades del héroe le serán transmitidas en el acto. Se ve triunfador, ídolo de nenas y señoritas de la vida de alto standing, conductor de coches pepineros, admirado, guapo, con tableta de chocolate. Se mira al espejo y – milagros de la parafísica – se ve parejo en belleza a su compañero en sueños. Es en definitiva, un grandísimo gilipollas.
Los Special K salen en la tele devorados por unas tías que para qué te voy a contar. Línea perfecta, culos prietos encajados en ropa a medida, extremadamente guapas, y no haciendo nada más que comer cereales para conseguir el efecto estético. El spot avisa de que sólo con Special K, una dieta equilibrada y ejercicio podrá conseguirlo cualquier fulana. Pero a la fulana de a pie – con su celulitis de serie y sus estrías de haber intentado la dieta de la alcachofa y la del ramadán crónico – le sale por la otra oreja lo de la alimentación y el ejercicio, y encaja como agua de Mayo lo de comprar la caja, entre autoimágenes de belleza prometida y promesas de polvos conseguidos con los maromos que anhela. Somos realmente patéticos.
La estrategia es darte donde más duela: al complejo, a la inseguridad, al vacío existencial, al defecto que te atormenta porque eres imbécil. Tocarte en lo más sensible para crearte un vacío, una necesidad que en verdad no tienes, para convencerte de que la cubras, de que necesites cubrirla, de que los demás ya la han cubierto y maricón el último. La persona insegura necesita adquirir cosas que sienta que le hagan especial, y he ahí el por qué de que los inseguros estén siempre de shopping (intentando encontrar algo definitivo con lo que demostrar a los demás que no son mediocres, sin conseguirlo). Es increíble la cantidad de gente (pongamos un 99%) que se siente impelida a comer mierda si se lo piden en un anuncio con glamour. La cantidad de insensatos que se crean de balde la necesidad de conducir un coche tal o de fardar de un móvil cual. Acto seguido, fulanito manda al ostracismo el mp3, muerto de ansiedad, para comprarse la PDA de última generación. ¿El Mago de Oz se lo dijo? ¿las voces se lo dijeron? Un simple anuncio se lo dijo. Un anuncio aséptico, con tía buena que cree que poseerá, maromo sofisticado pero alegremente informal en el que cree que se convertirá, y que en el spot triunfaba como animoso emprendedor a la aventura. Sin embargo este fulano es un don nadie, mileurista, futbolero, incapaz de una conversación asertiva , que vive en los pisos del Migue. Le crearon la necesidad de aparentar éxito porque carece de él. Y él cayó.
La cosa es que consumas, que des pasta sin pensar. ¿A quién? A los pecadores que mueven los hilos, a los bancos y corporaciones. A los supervillanos de toda la vida que nadie lincha porque no se les ve. A los que de todas formas no lincharía nadie porque estamos aborregados dentro de la burbuja atractiva y sedante del “tú puedes tener privilegios sin fin, financiando a 12 meses sin intereses”. Cuando realmente bastaría con decir: “¿Necesito? Yo no necesito una puta mierda; yo sólo necesito ser feliz, y eso me lo procuro yo. ¿Cómo? No siendo un esclavo de la necesidad perpetua”. No necesitamos 15 pantalones, necesitamos 2. Ni 20 pares de zapatos, necesitamos 1 ó 2. ¿Creéis que necesitamos un móvil con blutú, conexión a su puñetera madre y pantalla táctil? Eso dicen que necesitamos. Necesitamos un teléfono para hablar con otros que también tengan un teléfono. ¿Necesitamos un Mercedes con tapizado de cuero y llantas de aleación de sus muertos? No. Necesitamos un coche que nos lleve del punto A al punto B. Tanta hostiería…

Pongamos el ejemplo de McDonald´s (empresa con 55 millones de clientes al día comiendo mierda a esportones). Aquí un anuncio de un bebé mamando una hamburguesa. Qué sutil, pero qué de cabronadas nos dice. La mitad de la población nace y muere bajo los arcos de McDonald`s. Son como tus padres, siempre están ahí, fiables 100%. Tanto que le puedes dar de comer una Big Mac a un bebé. De bazofia nada. Puede que hasta tus abuelos tengan recuerdos en un McDonald´s. McDonald`s te quiere, tío. Valores familiares y toda esa movida. Publicidad y dibujitos directos al cerebro de los críos para que opten por el Mc como opción única para celebrar el cumpleaños. Vayamos en redil a comer mierda y pagar por ello. Necesitémoslo.
Un sistema educativo y una educación familiar cada vez más inexistente, y unos medios cada vez más invasivos consiguen que se hagan realidad los sueños de los supervillanos. Tan culpables nosotros como ellos, que entramos por el aro de ahogarnos con hipotecas y seguros criminales mientras no salimos de pobres creándonos vacíos que llenar con chorradas.
Para acabar, analicemos este anuncio de Ikea, en el que los hijos de su madre parece que se ponen de tu lado con eso de “No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita”, aportando imágenes de pisos de 30 metros, mesas plegables para comer, sitios originales y con encanto para hacer lo que se pueda jugando al escondite (directo al subconsciente), para largarte en definitiva dos mensajes:
El oficial: Te entendemos, tus dificultades, tu felicidad a pesar de, (no, yo sí se lo que es todo eso, y ustedes de Ikea no tenéis ni puñetera idea), tu heroicidad diaria, tu vida… amigo.
El real: Es más rico el que menos necesita… pero lo que te vayas a gastar te lo gastas aquí… pringao.
Podéis ir en paz.