Hemanos, hermanas...Hazte constructor. Pero no hagas una casa como las de antes, como Dios manda. Nada de mariconadas. Tú coges y en vez de una cantidad X de cemento y materiales dignos, tu le aplicas un X/2 y compras ladrillo cunero para la faena. Haces una mierda de edificio, no te pases de honrado, lo suficiente para que cuando llueva, tarde un parde días en salir una humedad. Luego la vendes a 40 kilos, le ganas 35 más o menos con el tema de la plusvalía, la especulación y los tasadores vendidos de los bancos, que estarán contigo (no lo dudes), y os repartís el pastel de la venta; que de ahí salís todos ricos y chupando del pringao al que le hayáis endiñado la trampa, que estará cogido de los cataplines hasta los 67 de la jubilación nueva.
No te preocupes de contingencias varias. Una vez que la vendas, al bollo. Si viene un terremoto de 4 ó 5 grados y tira la casa donde vive la familia y los críos chicos, que se jodan por pringaos. Tú ya has cobrado. Y tu amigo el del banco, el prestamista, el que sabe que la usura es delito (como cuando los judíos de la Edad Media), pero sigue apoyado en eso por los gobiernos que votamos para que nos exprima, seguirá cobrando, tenga ese padre de familia para sus hijos un techo o un sombrajo de tres al cuarto hecho para la ocasión. Aquí cobra todo Dios. Menos los inocentes. Esos cobran ostias hasta en el cielo de la boca, y luego, encima, a poner el culo. Hazte constructor, hazte banquero... hazte supervillano.
Dicho todo esto, hermanos, díganme ustedes si no ha llegado la hora de empezar a MATAR.
Podéis ir en paz.










