Sed bienvenidos...

... los que estáis asqueados de toda la Tontería que nos rodea, los que estáis hasta los cojones/ovarios de aguantar imbéciles e incompetentes, los que tenéis que reventar y no podéis porque vuestra castrante moral judeocristiana os lo prohibe, los que sufríais de pequeños las mofas de seres inferiores, los que esforzándoos no obtenéis recompensa, los que vivís en un mundo que no es para vosotros, los que sabéis parte de la verdad pero os toman por locos, los que necesitáis opinar sin ser juzgados por ignorantes, los que pudiendo cambiar las cosas aún dormimos.

martes, 9 de agosto de 2011

LAS S.S.

Véase un día normalito, al azar, en la difícil labor de los organismos de Bienestar Social (Servicios Sociales) de un barrio cualquiera de por aquí, en una experiencia verídica y contrastada:

La asistente social, que estudió la carrera porque pensaba que aquello sería chachipiruli y que salvaría a muchas familias inocentes del ostracismo, llega a casa de los Sánchez. La madre le abre la puerta. Va vestida con una especie de camisón que nunca se quita por ser la única prenda capaz de abarcar semejante bola de sebo. Con los ojos semiabiertos y moño a lo Winehouse, da paso con cara de asco a la asistente, que va tras la matriarca que se balancea de lado a lado dando con los kilos en las paredes del pasillo.

Sra. Sánchez: Ay hija, menos mal que habéis venido. Mira, que yo no puedo con el niño chico, eh... de verdad, mi arma. Llevárselo, llevárselo a un colegio de esos de niños de la Junta, que a mí me va a matar. Y mira, que la subvención esa que me dais por invalidez es que no me da para nada... y a mi niño el mediano, a ver si le encontráis un trabajito o algo, al pobre...
Asistente: Señora, vamos a ver, vamos por partes, que esto no es tan fácil. (La asistente repara en una moto de cross que está literalmente aparcada en el salón, quizás en un intento cultureta de alguno de la casa por emular a Buñuel. Pero no.) Dios santo ¿Pero eso qué es?.


Señora: ay hija, eso es lo que le han echado los Reyes al chico.


Asistente: Coño... tiene que haber sacado unas notazas...


Señora: 9 cates, más el recreo. Pero es que le tienen manía ¿sabé usted? Me lo tienen expulsaíto todo el rato.


Asistente: Expulsado ¿por qué?


Señora: Ay hija, porque no le gusta la maestra, y entonces se aburre y le dice "hija de puta", y empieza a repartir leña a los compañeros.


Asistente: Señora, se tiene usted que imponer, si no, su hijo un día de estos le va a dar a usted, pero con el cuchillo del jamón.


Señora: Si yo lo se, mi arma, pero es que me da mucha pena de mi niño.


Asistente: Usted verá lo que hace. Bueno... nos ha solicitado en los servicios para encontrar trabajo a su hijo mayor, el de 36 años. Venía a que me contara. ¿Puedo hablar con él?


Señora: No niña, ahora no se puede.


Asistente: Claro, estará buscando trabajo como un loco.


Señora: Está durmiendo.


Asistente: ¿Cómo? ¿A las 12,30 de la tarde?


Señora: Se levanta para comer, a las tres.


Asistente: Tiene cojones... vamos a ver, ¿su hijo qué trabajos ha realizado hasta ahora?


Señora: Desde que dejó la ESO, ha estado un mes trabajando en la empresa del vecino cargando cajas pero no le gustaba y se fue. Al pobre le echan de todos los sitios, porque no puede llegar a la hora, todos los sitios abren muy temprano. Ya hace como dos años que no hace nada y está desmotivado... (erupta bestialmente, y sigue hablando como si no hubiese pasado nada)... Lo último fue en el bar de copas del Migue pero yo qué se lo que pasó, hija.


Asistente: Su hijo es un vago que no está acostumbrado al mínimo esfuerzo, señora. Los servicios sociales no estamos para eso. No puede acudir a nosotros para cosas que pueden hacer ustedes y no hacen porque no quieren.


Señora: Chiquilla, pero si es que la cosa está muy mal, y mi marido con la discapacidad. (Entra en escena un niño con crestita y pendientes, moreno como un tizón de hacer vida en la calle, mira a la asistente, le dice "puta guarra" y se va por otra puerta). Qué desgraciaítos somos, señorita.


Asistente: En los papeles consta que usted recibe una paga de 1500 al mes por una invalidez con diagnóstico de fibromialgia...


Señora: Ay sí hija... me duele todo el cuerpo. (Se come un bollilandia de dos bocados en el acto).


Asistente: Su marido, una paga de 2600 al mes por discapacidad en la pierna izquierda que le incapacita para su labor, su hijo mayor recibe la paga de los 400 euros y el mediano cobra el paro. Con el menor le dan una beca por trastorno atencional. Coño, señora, cuántas taras tiene su familia... Joder con la familia taraíta ¿Qué ayuda nos pide?


Señora: Pues mira niña, a mí el dinero no me dura nada. La Play y la moto del chico, la Wii del mediano, el grande que se acaba de comprar un coche nuevo porque el otro no le gustaba... aburriíta me tienen. No me llega ni para los libros del colegio. No podemos ni pagar la contribución.


Asistente: Lo que tenemos que hacer es enterarnos ya de que los coches, las motos y los caprichos son lujos y no necesidades... Están subvencionados por todos lados.


Señora: Ay niña, ¿y de qué quieres que coma yo?



La asistente social mira para abajo, mentando por lo bajini a toda la casta de la señora y a la madre que la parió, reconociendo que con ranas gigantes es imposible entenderse y calmándose antes de defenestrar a la obesa por la ventana - si cupiera -. Al alzar la mirada ve salir de un cuarto a un maromo de gimnasio con cara de dormido rascándose la cebolleta bajo el slip con el escudo de superman que usa como única ropa. Al percatarse el simio de la presencia de la asistente, se mete en el cuarto a toda velocidad. Un ruído desde el interior delata que ha cerrado por dentro con pestillo.



Asistente: Señora, coja inmediatamente a su hijo el mayor y sáquelo de ahí, que lo vamos a llevar a la oficina de empleo ahora mismo.


Señora: Uy, ni loca, tú no sabes cómo se pone cuando se le obliga. (Llega a la casa el paterfamilia, con 8 cervezas en el cuerpo y andando perfectamente).


Padre: Niña, esta quién es.


Señora: La asistenta, Antonio, que no nos quiere dar nada, la malahe.


Padre: ¿Cómo? (dirigiéndose a la asistente y fingiendo un par de cojetadas como para meter la oreja en un charco) Tú lo que eres... es una nasi.


Asistente: ¿Perdón?


Padre: Unos nasis, toh ustedes.


Asistente: ¿Nazi yo?


Padre: Que no me queréis dar nada porque soy gitanito, racistas. Lo que os falta ya es crucificarnos, que mira cómo me tenéis, que el otro día me tuve que ir a urgencias por el disgusto de que a mi hijo no le dais trabajo (recordar que el tipo no paga los impuestos pero tiene acceso a una sanidad eficaz).


Asistente: ¡Me cago en Dios y en la Virgen del Carmen! (la asistente social coje el cuchillo clavado en la paletilla de ibérico de la cocina y lo usa para exterminar/fumigar a toda la puta familia de una forma justa y atroz).



La última línea es mentira, la he puesto yo. Pero no me diréis que no es de recibo.



Podéis ir en paz.



lunes, 1 de agosto de 2011

LAS CANCIONES DE AMOR SON UNA MIERDA

Las canciones de amor son una mierda. Y los que las componen y cantan son unos cabrones. No se vio jamás tal sarta de mentiras y comedura de coco que las encubiertas tras estas manifestaciones pseudoartísticas, ni mayor daño a la humanidad a nivel afectivo.

Estas expresiones nocivas nos llegan en forma de canciones y de películas, principalmente, y en forma de reglas no escritas transmitidas por tradición oral y supersticiosa, en modo sutil. Subliminalmente, son parte de la cultura que nos ha taladrado para persistir en el comportamiento gregario. Son las culpables de que las mujeres, por mucha edad que tengan, sigan creyendo en el príncipe azul como el que cree en los Reyes Magos, o que los hombres huyan de las órdenes de la madre para ser mandoneados por la novia.

El príncipe azul es un concepto harto jodido. Se trata de una idea utópica de hombre que aglomera las siguientes virtudes: atento y solícito ante los desplantes, comprensivo ante los reproches, paciente ante los episodios surrealistas de la menstruación que solventará con amor y chocolate, cariñoso ante las ofensas, que se parta los cuernos por hacer los cambios en su personalidad que la novia quiera, máquina sexual con planta de hijo de puta por fuera pero blandito por dentro para ser cuidado, escuchador durante horas de las paranoias más variopintas, y que ponga a parir a los enemigos de la susodicha cuando esta se sienta ofendida aunque estos tengan razón. Es decir, un híbrido entre una super amiga especial en la época antes de ser desterrada por falsa, y un panoli-pusilánime. Difícil, pero alguna lo encuentra.

Lo que tienen muchas de las mujeres es un hombre cervecero, futbolero, jugador de Play, con flotador abdominal, que se comunica con eruptos, que alardea de una talla de pene que no se puede demostrar, y que se lava de higos a brevas. “Es que antes no era así”. Pues claro, es que estás amamoná. Antes quería follarte. Te trabajaba y ponía velitas en la cena pedida a los chinos para ver si te conservaba en el bote. Además es uno de esos hombres en realidad dependiente y madrero que necesita novia sí o sí, sobre todo para que cuiden de él porque es discapacitado funcional. Vamos, que tienes lo que te mereces. Igualito que los tíos de las historias de Take That que escuchabas mientras lo flipabas con tus fantasías con el Chino y una puesta de sol que se te aparecía siempre con esa música en la que se escuchaban frases tópicas de relleno como “I´ll be there, the power of love, o together forever”. Seguramente, si tu novio es un típico, también tenía sus frases de relleno como "no puedo vivir sin tí", te llamaba "princesa" porque lo vió en La Vida es Bella, y te contó penurias y jodiendas de su vida pasada por las que sólo tú podías ayudarle y sentirte útil. Por Dios, qué barato.

Veamos un caso concreto de una letra mortífera de Carlos Baute, y apliquémosle el cuento a él mismo:

“Quién te da lo que tu pides”: tú dale a una tía todo lo que te pida, y tú y tu visa os quedáis secos en cero coma.

“Quién te da el desayuno en la cama y te hace sentir una dama”: Baute nunca fue muy bueno haciendo letras, pero Boyz II Men tampoco se diferencia demasiado. He ahí el romanticismo barato del que todo garrulo hace gala en el noviazgo y que luego se transforma en exigencia a la que no se puede llegar porque ahora el fútbol es más importante.

“Quién entiende tus días de cambio”: Amigos, este comentario agudo se refiere a la regla. El tipo piensa que soportar las bipolaridades de la regla femenina es pan comido, pero lo que se va a comer es un mojón al ver que nada de lo que haga o diga estará bien. Y empiece a decir frases como “¿y yo qué he hecho ahora?, ¿es por algo que he hecho?, ¿O es por algo que no he dicho?...” entrando en una dinámica enfermiza y ansiógena de cojones, eso sí, la mar de romántica.

“Quién te escucha tus penas”: Esto a Baute le pareció muy paternal y de novio atento, pero cuando la parienta le obligaba a escuchar los discursos de tres horas a cerca de “has cambiado, pasas de mí, estoy hecha una ballena…”, al hombre empieza a írsele la líbido al carajo (quiero decir al quinto pino) y comienza a fijarse en otras niñas dignas de inspirar canciones de amor.

“Quién te lleva a conciertos, viajes en barco a cruzar otros mares”: La pareja que llega a fin de mes lo suele hacer ajustada, a menos que seas Baute, así que no hay para muchos lujos que enciendan la llama de la pasión exóticamente. Pero nuestro héroe, ya no está para muchos esfuerzos después de la bajada de endorfinas y serotonina que produce la erosión del “no vayas con tus amigos, quédate aquí / arréglame ese enchufe / ven para acá que te voy a quitar esos granos”.

Así que al muchacho se le va todo el sentido del glamour y manda a tomar viento fresco a la dulcinea por la que antes perdía el sentío y ahora ve como una loca que quiere arrebatarle la voluntad. Por eso, a Baute, como a casi todos estos neorománticos les duran las novietas de 3 meses a 3 años. Son adictos a lo romántico. Y lo romántico lo sienten mientras que todo es guay. Cuando la cosa se sale de lo que es el cuento de hadas… las letras de las canciones se las tienen que meter por donde les quepa. Y eso duele sólo hasta que al día siguiente encuentran otro guayabo a la que escribirle sobre amor eterno y nos vienen a predicar con el ejemplo. (En la foto, un tonto del culo al que le gusta ir de dandy, besándo la mano de su rollo de hoy como si lo fuera a hacer todos los días en el futuro).

Pero sobre todas estas cosas condeno a las comedias románticas. Chica buenorra y maromo sexy y comprensivo, perro y suegros cachondos, amigo que lleva el botijo, y situaciones jodidas que se transforman en animosas y dicharacheras. Ah, el amor… cómo es. Todas evitan contarte más allá de la boda para no tener que decirte la verdad sobre maridos aburridos y gordos, mujeres que usan a sus hombres como machacas, niños dramáticamente porculeros y sueños alternativos con una vida mejor. Las pelis realistas sobre estas cosas son calificadas directamente como tabúes, depresivas y para amargados.

Mientras, más de la mitad de la gente se separa y la otra mitad se miente a si misma. Sólo un bajo 1% por decir algo aprende a soportarse y quererse, quizás ayudados por los libros de autoayuda de John Gray o por alguna extraña mutación biopsicosocial. Asqueados, optan por celebrar la despedida de casado para dar bandazos un tiempo, antes de caer otra vez en el círculo vicioso de sentirse enamorados tras asociar a una nueva persona, otra canción de amor.

Podéis ir en paz.

domingo, 24 de julio de 2011

FAUNA DE GIMNASIO

Hermanos, hermanas:


Hace 11 años estuve en la capital del imperio: New York. Hubo dos cosas que me impactaron sobremanera durante la primera impresión que tuve de la gente de allí. La primera, que las niñas de 11 ó 12 años iban maquilladas como las adultas. La segunda, que todos los tíos que se me cruzaban por la calle estaban petados. Ambas tendencias llegaron al poco tiempo a España, de manera que al mozalbete de 18 años - acostumbrado a que todo maromo paseante es un puto Capitán América - que lea esto podrá parecerle una tontería; pero que sepa, que no hace mucho tiempo, todos los que pasábamos por la calle eramos enclenques, o lo que viene siendo normales.

En la última década el gimnasio ha sido el negocio más rentable de los barrios. De cualquier barrio. Si sales a la calle a comprar pan te cruzarás con unos cuantos petaditos sin cuello, bajitos pero de cuerpo cuadrado como Bob Esponja, cabeza pequeña y crestita, marcando bajo una camisetita de talla S.

Todo hijo de vecino que se precie necesita estar petado. Es un criterio mínimo para ser atendido por las pijas de sitios de moda, además del de no saber leer. No dedican tiempo a la cultura. Tampoco dedican esfuerzo al cuidado interior. Pero para marcar el triceps estos tíos se parten el espinazo a muerte. Van a saco. En las fábricas hedonistas podréis satisfacer vuestra curiosidad taxonómica intentando clasificar las subespecies sumamente interesantes que se encuentran en dicho ecosistema:

El dueño del gym: Este tipo es buena gente, está preocupado por el negocio, porque vaya bien. Intenta en la medida de las posibilidades ser educado y moderadamente simpático con la gente. Está, como no, cuadrado, para predicar con el ejemplo. Todo dueño de gym ha sido en su día campeón de España de algo (kickboxing, fitness, o lo que sea). Cuando el gym no es tal, sino que se trata de una tapadera, se nota porque aparece poco por allí.

El encargado animoso: Este espécimen me encanta. Se cree el alma de la fiesta. Liga con las clientas descaradamente, que por supuesto le hacen caso. Te anima con palabras como "campeón" o "máquina". El cargo de encargado es sólo una cuestión lingüística porque suele pasar de cuidar el cotarro más allá de cambiar el canal de la tele con el mando o explotar su complejo de relaciones públicas frustrado. Complementa sus ingresos trabajando como gorila de discoteca los fines de semana por la noche.

La profesora de aerobic: Esta tía, depende cómo la mires, a veces no sabes si es macho o hembra. Las hay buenorras, no te digo yo que no, pero suelen estar duras como piedras, y a veces tienen pectorales. Gritan como condenadas frente a los espejos.

El entendío: Se trata de un fulano abundante en esta comunidad. No acabó el PCPI de chapa y pintura pero sus años de experiencia en la sala de musculación le han doctorado en la vida, o eso cree él. Se acerca y te dice lo que tienes que hacer, la dieta que tienes que llevar, y los botes de colacao de protéinas que tienes que comprar: "Mira, aquí me haces unas superseries, y allí le vas aumentando kilos... me comes 10 comidas al día a base de atún y pollo que eso es proteína pura... vamos, que te vas a poner que no te va a conocer ni tu señora madre, campeón". Su máxima es llegar a opositar para policia local, pero es sólo un sueño. Al pasar por delante de uno de los numerosos espejos del gimnasio, se admira complacido.

El gordito con aspiraciones: Es un pobre hombre, simpático para ocultar el complejo, que sólo hace cinta andadora. El primer día. El segundo no ha ido.

Las tías hipoactivas: Maquilladas y vestidas para no arrugarse, de sport pero divinas, no hacen nada. Esperan la hora del aerobic pero no entran a la sala. Su misión es hablar con los maromos, pavonearse ante el encargado y aceptar sus piropos mientras bailan sinuosamente las piezas clásicas de Máxima FM. Tienen una vida muy tonta cuya función es ser admiradas. El por qué están buenorras es un misterio porque no es debido a la acción eoróbica ni anaeróbica; muchos lo explican por la constitución suertuda y el metabolismo joven que aún poseen.

La acomplejada: Es como el gordito pero sufre más. Su mirada al entrar al gimnasio es aprensiva. Los ojos y comentarios crueles por lo bajini de las hipoactivas se le clavan en la nuca como banderillas. No habla allí, pero el resto del día raja por doquier de lo hijaputas que son las zorras del gimnasio. En un 50% tiene razón, en otro 50% es por envidia.



A mí todos estos tíos me caen bien, en serio. Aunque pecadores, me resultan simpáticos. No tienen la culpa de ser así (o por lo menos no en gran porcentaje); son productos, pobre gente que quiere tener el canon que se impone, que se mata por él, por ese canon que es una de sus aspiraciones trascendentales (como ir de copas y tirarse a las más guarrillas). Son carne de cañon para el Gran Hermano y programas de Telecinco por el estilo. Es más, estoy seguro que la cadena hace los castings en los gimnasios.

Todo esto lo digo para informar a los que en verano quieran modelarse, sobre lo que encontrarán. Y a los petaitos, decirles que dejen de tomarse los colacaos esos que se toman y... cabrones... dejad de compraros ya las tallitas chicas de las tiendas para magnificar la petaura, que son las únicas que me sirven a mí, y al final sólo quedan las camisas para vestir a Hulk, que son las vuestras. Mariconas.


Podéis ir en paz.

lunes, 18 de julio de 2011

DE NEGRITOS Y CONDICIONAMIENTO OPERANTE (2 de 2)

... Como ibamos diciendo: los hermanos, cuando hablamos de la esclavitud en nuestra sociedad, entendemos el concepto. Pero es de difícil comprensión dentro de una comunidad de necios en la que se ve normal e incluso con benevolencia, la escena en la que un niño de 12 años increpa a su pánfila madre en un centro comercial a que termine de una vez de comprarle los botines que anuncia Messi, porque al infante le urge salir a fumarse el cigarro de las 11,30.

En innumerables sermones hemos explicado en qué consiste el fenómeno de la esclavitud moderna, y para no repetirme, me remito a "Resumen y Profecía" (Mayo´11). Pero cuando me refiero a que los centros comerciales, por ejemplo, suponen las nuevas plantaciones negreras o las modernas galeras romanas, me refiero a que somos para los de arriba, unos simples generadores de energía/dinero que no cuentan con valores vitales ni sentimientos, fuera de los que ellos puedan necesitar para sus provechos. Ya hemos hablado suficientemente sobre el consumo. Fijémonos hoy en un aspecto concreto del mismo, que nos ejemplifica como meras máquinas productoras de superbeneficios ajenos: las tarjetas de club.

¿Quién no ha sentido pena (u otros, cachondeo) al ver a la rata de laboratorio pulsar el botón verde para recibir comida, evitar el rojo para que no la frían a petardazos, y esperar mientras hace rituales varios a que concluya el intervalo fijo o variable (hm , me recuerda a la terminología bancaria) para que el agujero le endiñe el manduque? Vayan al Fnac, por ejemplo, paraíso del friki gafapastero, y jaula-caja de Skinner (como cualquier Carrefour, H&M, o local por el estilo). Les ofrecerán una tarjeta muy cool que cuesta 15 euros hacerla, que registrará - milagros de la tecnología punta - los pastizales que te gastes en los productos propuestos por el negocio. Por cada compra, el irresistible 2% de los machacantes irán a engrosar el sumatorio que luego podrás usar para descuentos. Te proponen este juego como si nada (acumular un porcentaje de pasta para que me salga más barato o gratis la Wii, la tele en 3D y las figuritas de tías hentai en bolas... mola) y la gente, creyéndose que tienen la inteligencia que no mostraron en el colegio, se lo traga.

Y lo peor es que nunca descubrirán que tendrán que gastarse 100 euros de compra para acumular 2 euros. Que si quieren comprarse un videojuego de 60 euros, tendrán que hacer 30 compras de 100 euros (gastarse 3000). O que para simplemente amortizar los 15 napos que costó la tarjeta tendrán que gastarse previamente 750 euros yendo allí y apretando el botón verde de recibir el condumio, antes de que el suelo te fría las Nike chulas que llevas contigo dentro. Y para que aprietes ese botón como un condenado, al tipo de Senegal de la entrada anterior le quitan el pescao y lo que haga falta, por lo que saldrá de la deuda cuando las ranas tengan tupé. La banca gana.




Así que a los que hicieron la ESO; fíjense en las fotos de los negritos de las plantaciones, de los Kunta Kinte, y el dibujo de la rata de Skinner que estudian las estudiantes de psicología, pijas y consumidoras de Woman Secret...



Pues nosotros... igual.



Podéis ir en paz.