Sed bienvenidos...

... los que estáis asqueados de toda la Tontería que nos rodea, los que estáis hasta los cojones/ovarios de aguantar imbéciles e incompetentes, los que tenéis que reventar y no podéis porque vuestra castrante moral judeocristiana os lo prohibe, los que sufríais de pequeños las mofas de seres inferiores, los que esforzándoos no obtenéis recompensa, los que vivís en un mundo que no es para vosotros, los que sabéis parte de la verdad pero os toman por locos, los que necesitáis opinar sin ser juzgados por ignorantes, los que pudiendo cambiar las cosas aún dormimos.

sábado, 30 de abril de 2011

CULTURA Y REBUJITO

Hermanos, hermanas...

Las veces que me he pasado por la Feria de Abril, no he podido superar la codificación automática y autónoma que mi mente hacía de todo lo circundante. El nivel de estimulación visual y el embotamiento sonoro, se unía al inevitable análisis de los acontecimientos: allí, unos novios se insultan a gritos (apagados por las sevillanas que suenan desde las casetas), allá unos canis roban el móvil y el peluco a un pijo impune y relajadamente, acullá un borracho violento y encocao provoca a un nota para pelear… E inexplicablemente, la gente allí concurrida, se divierte. ¿Me he perdido algo?

Básicamente se trata de un lugar enorme donde los adultos han acordado un macrobotellón con licencia y ánimo del ayuntamiento para tajarse en la calle. Todo esto se ejerce en un entorno de casetas guardadas por un gorila que impide la entrada a los fulanos que no pertenezcan a la élite de los socios. Los socios se reúnen en dichas casetas (disfrazadas de los equipos de la ciudad, que hasta para eso hay que ser apretados aquí), engominados, enchaquetados y pijines, para disfrutar del real de la feria, debidamente regado de mierda de caballo, mierda de humano, orines de humano, potas de humano, y un pestazo de mil pares. Pero nunca fue problema para el andaluz de pro, que siempre valoró las tascas y tabernas más positivamente cuanto más serrín en el suelo, grasa en la barra, e inaccesibilidad en el baño, si lo había.

No deja de ser curiosa la querencia de los compatriotas por el cuidado del aspecto para lucirlo en sitios inmundos. En esta feria inquietante y admirada, podremos ver a la vez en dos metros cuadrados, a una hermosa y elegante chica vestida de flamenca, una gitana con el culo en pompa meando en una pared, y un borracho chillando el himno del Betis. Qué maravilla…

Allí los caricatos tienen oportunidad de pagar un montón de pasta por un plato de plástico con dos chocos, o tres gambas revenías… o coger una papa con “rebujito”, ese invento de algún genio de aquí, consistente en adulterar la manzanilla (orgullo de Sanlúcar de Barrameda) con Seven Up, o lo que es lo mismo un calimocho de las latitudes bajas. Las ambulancias recogen esos días más imbéciles con comas etílicos que pasajeros el metro, y cumpliendo el 061 su inefable trabajo, contribuyen a abortar el mecanismo natural que ayudaría a la humanidad a deshacerse de la escoria beoda y lastrante.



La música, alegre y bailable, aumenta el número de futuros portadores de sonotones con tal de sonar más fuerte que la de la caseta vecina. La flamenca con sus gafas de sol y su porte señorial con tabaco en la zurda y vaso de tubo en la diestra, grita en el oído al pijo de las patillas de ganadero, la chaqueta celeste y las pulseritas rojigualda, partiéndose la garganta antes de coger el cáncer de justicia, sabiendo que el gesto es el propicio para que le coman la boca. El anfitrión, o socio que convida pasa los platos de boquerones y las cañas sobre las cabezas de los concurrentes, colorado por el vino y gritando chistes malos de cojones entre “arsa”, “ole” y “ahí está er tío”, además de llamar “guapa” y “preciosa” hasta al calorro de los buñuelos.

La multitud se agolpa, y suda, y se pelea por una silla, y llaman a la policía por robo de cartera, y todo lo que sea menester. Y todo esto les divierte. Grandioso. Magnífico. El ser humano ha aprendido a sentirse cómodo en la mierda y el agobio con tal de que haya alcohol de por medio (aunque luego te denuncien porque les has mirado mal). Yo no lo entiendo. Quizás sea que aún no he llegado al grado esperable de evolución del andaluz medio. Pero si debe ser así, prefiero permanecer en mi bendito primitivismo.

¡Andalucía ha muerto! ¡Viva Andalucía!

Podéis ir en paz.

martes, 26 de abril de 2011

LA BBC (II): MINIBODAS

Hermanos, hermanas...

Ya dedicamos hace unos meses un sermón a la culturilla de aquí, en relación con los absurdos rituales de puesta de largo (Véanse los sermones del mes de agosto´10). Al ser esta, época de comuniones, no puedo evitar ver los excesos del personal y sus notables esfuerzos por aparentar ante el vecino. Una comunión cuesta una media de 3000 euros. Los iletrados y resentidos echarán la culpa a la iglesia y quedarán satisfechos. Pero la culpa de esto no la tiene el clero. La tiene una vez más, la masa.

Evidentemente, gastarse medio millón de pelas en jugar a las muñequitas es un acto libre (por mí como si se la machacan con dos piedras), pero no respetable. En realidad estoy un poco hasta las gónadas de que todo sea respetable. Todas las opiniones y opciones no merecen respeto. El respeto debe merecerse por el mérito o la bondad de un concepto.

Si ya son absurdas las bodas que describíamos, en las que te cobran multas por ir con tal de acumular 40 ó 50.000 euros (porque la boda costó una media de 25.000), imaginen ustedes inventarse una celebración por toda la cara, en la que vestimos a una infante con un vestido de novia, le hacemos un recogido, la maquillamos, la ponemos sexualmente apetecible, y le hacemos una sesión de fotos en los lugares punteros del pueblo para culminar en un montaje fotográfico de estos modernos y barrocos para que la madre pueda decir “mira mi niña: ni la Keit-mos”. Invitamos luego a todo cristo al guateque para que aporten presentes, paguen la multa por pringaos (como en las bodas), y hagan de extras para rellenar un evento a como de lugar; porque en la vida social de la gente de ahora hay que ser como en el Facebook, cuantos más chalados aparezcan como amigos, aunque sean conocidos de tu primo segundo, mejor… más popular e influyente en la comunidad es tu vástaga y su puta familia. Langostinos a tutiplén, castillo flotante de goma de estos para revolearse (incluidos adultos con la papa de fin de fiesta), payaso cumpleañero y globofléxico para fardar de que “yo es que tengo un poderío y unos recursos para distraer al personal que se caga la perra”, y tertulias catetas de gente disfrazada… Coño, lo estoy diciendo: una boda. Joder, para este rito iniciático de toda la vida, déjate de basarlo en una religión de la que apenas conoces nada y ve al grano. Monta una puesta de largo para tu niña la pedante, como hacen los mexicanos con la fiesta esa de las quinceañeras, y listo. Excusa directa.


Y atentos, hermanos: todo este atrezzo y carnaval porque al infante le han dado hoy un trozo de recorte de pan como símbolo de una supuesta continuación en la religión católica, que para colmo es mentira. Porque ni el niño tiene idea del símbolo en cuestión, ni tendrá en un futuro Confirmación ni hostias, ni tendrá puñetera idea de qué religión tiene, ni sus garrulos familiares saben comportarse en una misa.

Pero no sólo nos centraremos en la figura de la niña precoz. También está la llamativa estampa ya clásica del marinerito (que vete tú a saber la historia de por qué y de donde viene el disfrazar a las personas de esto, y por qué los padres lo tienen tan aceptado) o qué decir del almirante (que es el disfraz que usan los padres con aires de grandeza para destacar socialmente al niño, aunque este tenga un expediente en primaria de “Necesita Mejorar” hasta en el recreo). En las comuniones se monta tal armada de grumetes que parece que en vez de decir “El cuerpo de Cristo” el cura va a soltar “Rompan filas” o “Leven anclas”, y todos al abordaje.

Toda esta apariencia me asquea, hermanos. Tanta necesidad de sobresalir sólo puede estar causada por un gran vacío existencial, una necesidad enorme de aprobación y admiración social, y falta excesiva de otras muchas cosas ricas y estimulantes que tiene la vida. Pero qué vamos a esperar de la masa, si ni siquiera los ídolos populares saben dónde está África en el mapa…



PD: Con ese afán de protagonismo y hedonismo, ¿cómo es que aún no se ha puesto en boga en las bodas de este país lo de las damas de honor? Porque no se les habrá ocurrido todavía, y estoy yo aquí dando ideas. Anda que no… ahí tenéis otra excusa para lucir vuestros disfraces, tocados y piercings, y mostraros en el mercado de la testosterona de los convites a todos esos buenos mozos borrachos de los peinados de crestita.


Podéis ir en paz.

sábado, 23 de abril de 2011

ESPAÑA

Hermanos, hermanas...

He aquí la manifestación del problema de España:



He aquí su solución:

martes, 19 de abril de 2011

DESTRUIR EL TEMPLO

Cofrades, cofradas...
¡Pecadores, fariseos! ¡Arrepentíos!

Ya hace dos semanas hablábamos sobre el politeísmo andaluz y los cofrades, hermanos. No se dejen abrumar por sus aires de seguridad potenciados por su pompa y parafernalia.

A Jesús de Nazareth le dieron matarile al pobre mío por una actitud heróica consistente en fomentar el cambio de un sistema cultual (de culto concreto), que estaba basado principalmente - aunque no quisieran verlo sus contemporaneos - en la ganancia económica. Alrededor del templo de Jerusalem existía una gran actividad de compra-venta, sobre todo de transacciones holocáusticas (para sacrificar animales había que comprarlos, prepararlos, mandarlos matar y ceremoniar todo el tema). El culto era sólo un pretexto para posibilitar una cadena comercial de la que se beneficiaban muchos. Acabar con todo esto era un tema peligroso. Arremeter contra los puestos de mercaderes no era sólo la acción psicótica de un loco, y amenazar con destruir un templo corrupto y reconstruirlo no era una chulería. Era arremeter contra el sistema, contra la mentira. Contra el "haz lo que está escrito, compra, danos pasta, o irás directo al Gehenna, lo dice Yaveh" (beneficio de saduceos y fariseos). Y reconstruirlo, hacer un saneamiento desde los cimientos.

¿Ha cambiado algo? Parece que Jesucristo fracasó, hermanos. No para los que nos planteamos las cosas (para los que no deja de ser un maestro), pero sí para la mayoría del mundo. Los fariseos sevillanos, malagueños y demás de nuestra época siguen con sus ritos sin sentido, argumentando a veces que si no se sacaran los pasos, mucha gente iría al paro (orfebrería, textil, floristería...). Efectívamente. Es un tema económico. Exacto. ¿No nos suena de algo ya todo esto del mercado alrededor de la religión, ese sistema de dominación al servicio de la economía? Alrededor de las catedrales, mercados. Alrededor de los templos hindúes, mercados. Alrededor de las mezquitas, mercados. Alrededor de los McDonald´s, mercados.

Siempre ha sido así, no llegó nunca a cambiar. Desgraciadamente, en la práctica, Cristo es el gran perdedor romántico. Lógico que cuando un tío le eche cojones al sistema, ya sea ahora o hace dos milenios, se lo carguen, le evaporen, o le ignoren de lo forma más infame. No hará falta matarle, el pueblo pedirá su aniquilación. Nada ha cambiado. Ay, cofrades... arrepentíos de vuestros pecados, arrepentíos de ser vosotros los que, lejos de ser cristianos, fomentáis que el templo siga lleno de tienduchas, globos de Dora Exploradora, bares de tapas, y esas cosas por las que el galileo vendría a daros un remake de hostias como las recordadas en Juan 2, 13-22.

¡Pecadores, mercaderes! Lo que mueve este folclore no es el dinero. Es la fe. Seguro que sí.


Podéis ir en paz