
Hermanos, hermanas...
En verdad os digo, hermanos, que a veces me muerdo la lengua cuando escucho a los de antes (y a los de ahora) decir que luchamos por la democracia, que la transición es producto de la valentía del pueblo español, que los cojones patrios… etc, y se les llena la boca con mentiras. Porque que yo sepa a Franco lo esperaron a que la palmara en la cama y de viejo, y lo dejaron campar como quiso toda su vida, y aquí ni Cristo decía nada (que era como para decirlo claro, esquivando el paredón). Y la transición tampoco es que fuera muy luchada; más bien facilitada por un Suárez y un Carrillo que se entendieron como hombres civilizados y no como la masa cobarde que luego pretende ir de épica y heroica.
Aquí nos gusta creernos como los portugueses, que sí tuvieron los redaños para salir con la parafernalia de los claveles, o como los franchutes cortando molondros a la vista de que los tomates se los comían en la corte, o como los indios en plan resistencia pasiva de tírate con tu caballo inglés encima de mí que se va a apartar tu prima la de Cuenca. Pues no señor mío, usted no sabe nada.
Nosotros no somos así. Ese es nuestro “nosotros ideal”. La última vez que plantamos las asaduras fue hace 2 siglos y encima estábamos equivocados. Damos pena. (En la foto: la masa en el fútbol, olvidando que pagan la crisis, vamos, que no es una manifestación ni mucho menos).

A mí me parece muy bien cuando una persona, habiendo pensado sus razones lógicas, decide ir a la huelga. También me parece bien cuando otra persona, argumentando otras razones determina no ir. Lo que me joroba son las razones de chichinabo. Estando esto explicado, lo que sigue no puede malinterpretarse.
Aquí, cuando el gobierno engaña, la gente se queja. Aquí cuando los sindicatos miran para otro lado contando el dinero de la subvención del estado, la gente despotrica e insulta. Aquí, cuando te meten un recorte, ya seas de público, de privado, de concertado o de la madre que nos parió, habiendo dicho antes que la crisis no existía y que maricón el que dijera que no, la gente parece que necesita contención para no ir y arrancarle la cabeza a los de la decisión impopular.
Pero lo curioso es que todo se queda en la boquilla. Los que se promulgan lobos se convierten en chiguaguas, y en los ambientes laborales se empiezan a escuchar gilipolleces y excusas para no tener que poner los cojones en la mesa. Porque el español es como ese crío fanfarrón que se te pone chulo pero sabe que a la primera leche morderá el polvo, por lo que conoce de antemano que por su parte sólo se quedará en palabras airadas.
“Es que la mayoría no va a ir”: Eso es muy de aquí. Yo no tengo opinión propia. Los insultos y amenazas a esa entidad difusa que me recorta los dineros se quedan en canguelos de donde dije digo… Diluyo mi opinión en la cobardía de la masa. Cuando te recorten para no poder pagar la hipoteca, entonces os digo que serán el llanto y el crujir de dientes.
“Es que no vamos a conseguir nada”: Estoy de acuerdo, no haciendo nada, no se consigue nada. Elemental ley física.
“Es que los sindicatos no me gustan”: Igualito que yo. La mayoría son una pandilla de 4200 liberados a tiempo total que están ahí por los jefes para que no den por culo en su oficio, vamos, que no han trabajado en su vida. Puedes protestar por tus propios motivos y no los de estos gandules. De paso aprovecho este púlpito para poner a parir a esos macarras con el título de EGB falseado, los piquetes informativos, que lo que es informar, informan a base de leches e improperios soeces, olvidando que al igual que ellos tienen el derecho a ir a la huelga, otros tienen el de elegir no ir, si sus razones lo dictan así. Lo mismo que te digo la A, te digo la B.
“Es que necesito los 50 euros que me restan ese día”: tiene cojones que los que te digan esto ganen de 1500 machacantes para arriba y su pareja el doble. No veas como se va la pasta cuando te pones a tapear y se te pasa el tiempo paseando a la barra cada N minutos. Esta crisis es como un puto día sin pan, muchacho.
El problema es que aquí, al contrario de lo que se piensa, la gente está acomodada y el que menos se cree hijodalgo y nuevo rico, y es lógico viendo el pasado de muchos que en su vida han tenido un trabajo de mierda, que nunca han pringado de 8 a 22 por 600 pavos al mes, que nunca les han explotado, o que nunca les han echado para poner a la querida del amigo. Cuando se viven estas circunstancias, y repito que es menos frecuente de lo que la gente dice, uno acaba gestando una mala ostia bíblica, y hasta piensa cosas tan feas como que le exprimen, le niegan el derecho a la vivienda, cumple con sus deberes sin tener derechos, se siente una máquina de producción al que pueden usar y tirar… y eso lleva a las ganas de descuartizar, tanto a parlamentarios que faltan a su escaño, como a sindicalistas pseudoempáticos, y liar la de Dios es Cristo.
Puede que con uno no vaya, porque yo, la verdad, soy afortunado. Pero me importa un soberano pepino, porque he vivido esas cosas y te duele la esclavitud, sobre todo cuando tomas conciencia.
Antes de ahora, me recuerdo muerto de miedo e incertidumbre ante la imposibilidad de pagar la casa, vilipendiado por el hecho de trabajar 12 horas y cotizar 1, ninguneado teniendo que ceder el puesto a un incompetente analfabeto, con la autoestima por los suelos por ver que los que se rascaron siguen haciéndolo solo que cobrando más que los que se reventaron a currar, llegando a casa con un cansancio epopéyico y el llanto reprimido por la impotencia.
Así que no tengo otra opción que protestar para dormir tranquilo, y poder decir a mis hijos que aunque aquella vez no cambiamos nada, yo sí luche, y yo sí estuve allí, exponiéndome por los derechos de los que no hicieron nada.
Así que yo no se ustedes. Pero yo, me voy a la puta huelga.
Podéis ir en paz.